domingo, 8 de mayo de 2016

Manifiesto



… lo que sucede es que los médicos luchamos todos los días contra la muerte y ¿sabe usted? generalmente ganamos! Sí,  frecuentemente logramos arrebatarle un paciente y lo devolvemos, sano, a sus familiares.  Son momentos maravillosos y usted no se imagina cómo se siente!  Por un instante nos elevamos hasta casi tocar el cielo! Tendría usted que vivirlo para comprender de lo que le estoy hablando pero, claro, eso es imposible.  Y con esa vivencia repetida perdemos, a veces, la humildad y hasta un cierto envanecimiento se hace comprensible.  Yo creo que Dios, para “ubicarnos”, pone también en nuestro camino momentos difíciles, cuando los diagnósticos son elusivos, o los pacientes no mejoran pese a nuestra correcta intervención. Momentos que se tornan dolorosos cuando le es concedido algún triunfo a la parca.  De esta manera Él nos regresa a la humildad que no debimos abandonar.  Y es que nada sucede fuera de Su voluntad. Pero, lo más doloroso es cuando dispone que cometamos un error. En su infinita sabiduría  “el error nos hace humanos” y sólo en esa condición podemos acudir ante su presencia…  Pero  usted dice que todo eso no es pertinente y que, ante usted,  yo no puedo asumir esa condición humana. Entonces me pregunto ¿acaso es usted más que Dios? y ¿qué soy yo para usted?...

 Aquí termino mi exposición final y estoy listo para cumplir la condena que usted, señor juez, ha dispuesto.


Gonzalo Sandoval Carrión

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