… lo que sucede es que los médicos
luchamos todos los días contra la muerte y ¿sabe usted? generalmente ganamos!
Sí, frecuentemente logramos arrebatarle
un paciente y lo devolvemos, sano, a sus familiares. Son momentos maravillosos y usted no se
imagina cómo se siente! Por un instante
nos elevamos hasta casi tocar el cielo! Tendría usted que vivirlo para
comprender de lo que le estoy hablando pero, claro, eso es imposible. Y con esa vivencia repetida perdemos, a
veces, la humildad y hasta un cierto envanecimiento se hace comprensible. Yo creo que Dios, para “ubicarnos”, pone
también en nuestro camino momentos difíciles, cuando los diagnósticos son
elusivos, o los pacientes no mejoran pese a nuestra correcta intervención.
Momentos que se tornan dolorosos cuando le es concedido algún triunfo a la
parca. De esta manera Él nos regresa a
la humildad que no debimos abandonar. Y
es que nada sucede fuera de Su voluntad. Pero, lo más doloroso es cuando
dispone que cometamos un error. En su infinita sabiduría “el error nos hace humanos” y sólo en esa
condición podemos acudir ante su presencia…
Pero usted dice que todo eso no
es pertinente y que, ante usted, yo no
puedo asumir esa condición humana. Entonces me pregunto ¿acaso es usted más que
Dios? y ¿qué soy yo para usted?...
Aquí termino mi exposición final y estoy listo
para cumplir la condena que usted, señor juez, ha dispuesto.
Gonzalo
Sandoval Carrión
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Si deseas comentar este relato, puedes hacerlo aquí y te anticipo mi agradecimiento