Al terminar la fiesta se veía dubitativa.
- No sé cómo
irme, así que me quedaré
Su amiga estuvo de acuerdo. Ya es tarde, duermes aquí y mañana, con mis padres, te vamos a dejar. Pero
los amigos fueron más persuasivos. Te llevamos a casa ahora, así tus padres dormirán tranquilos. Y se la llevaron pero a casa
de uno de ellos donde, tras la violencia, su cuerpo sin vida yacía en medio de
la habitación, en medio del arrepentimiento, en medio del silencio culpable. Cuando
las luces se apagaron, puertas y ventanas se cerraron con estrépito. Poco
después sus palabras volvieron a sonar, claras, pausadas y extrañamente
profundas:
-
No sé cómo irme…
-
… así que me quedaré
Gonzalo Sandoval Carrión