domingo, 8 de mayo de 2016

La pediatra



Amanecía y ella estaba exultante. Increíblemente el bebé se había salvado y permanecía estable  Parece que nuevamente hice la guardia con el R mayor!  Solía afirmar que Dios era el R mayor de aquel servicio, es decir, el médico residente con mayor experiencia.  Alguna compañera le dijo que eso era una falta de respeto, que al menos debía asignarle el puesto de jefe de servicio.  Recordaba su respuesta: Qué va! Dios trabaja mejor y es más humilde!  Y se habían reído por un buen rato.

Por eso, cuando  presenciaba recuperaciones extraordinarias, como la de este bebé, sabía que Él había estado presente y entonces resultaba fácil creer en Dios.

Los médicos que creemos en Dios no somos, necesariamente, gente de fe!   En estos tiempos, ya no tan bíblicos, resultaba muy raro encontrarse con milagros. Por eso le parecía admirable que millones de personas, sin manifestaciones tangibles sobre Su existencia, y a veces sin recibir respuesta a plegarias de toda la vida, continuaran creyendo firmemente en Él…  Ésa sí es la verdadera fe! 

Había pasado en pie toda la noche y de seguro se veía fatal, pero no sentía el cansancio de otras ocasiones.  Había sido la última guardia de su postgrado y, si bien faltaba algún papeleo, podía considerarse pediatra. Dejaba atrás esa etapa maravillosa de formación y ya le empezaba a invadir la nostalgia.  Pensó en sus pacientes y en sus compañeros Les voy a extrañar hasta que me duela! No sabía aún qué le tenía deparado el destino, pero sí sabía algo, que se iba a llevar al R mayor en algún rinconcito de su alma…   Ahora que ya somos colegas,  le llevo a trabajar conmigo, pero yo de jefe!  Ja ja ja

Gonzalo Sandoval Carrión

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