Amanecía
y ella estaba exultante. Increíblemente el bebé se había salvado y permanecía
estable Parece que nuevamente hice la guardia con el R mayor! Solía afirmar que Dios era el R mayor de
aquel servicio, es decir, el médico residente con mayor experiencia. Alguna compañera le dijo que eso era una
falta de respeto, que al menos debía asignarle el puesto de jefe de servicio. Recordaba su respuesta: Qué va! Dios trabaja mejor y es más humilde! Y se habían reído por un buen rato.
Por
eso, cuando presenciaba recuperaciones
extraordinarias, como la de este bebé, sabía que Él había estado presente y
entonces resultaba fácil creer en Dios.
Los médicos que creemos en Dios
no somos, necesariamente, gente de fe! En estos tiempos, ya no tan bíblicos,
resultaba muy raro encontrarse con milagros. Por eso le parecía admirable que
millones de personas, sin manifestaciones tangibles sobre Su existencia, y a
veces sin recibir respuesta a plegarias de toda la vida, continuaran creyendo
firmemente en Él… Ésa sí es la verdadera fe!
Había
pasado en pie toda la noche y de seguro se veía fatal, pero no sentía el
cansancio de otras ocasiones. Había sido
la última guardia de su postgrado y, si bien faltaba algún papeleo, podía
considerarse pediatra. Dejaba atrás esa etapa maravillosa de formación y ya le
empezaba a invadir la nostalgia. Pensó
en sus pacientes y en sus compañeros Les voy a extrañar hasta que me duela! No
sabía aún qué le tenía deparado el destino, pero sí sabía algo, que se iba a
llevar al R mayor en algún rinconcito de su alma… Ahora
que ya somos colegas, le llevo a
trabajar conmigo, pero yo de jefe! Ja ja
ja
Gonzalo Sandoval Carrión
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Si deseas comentar este relato, puedes hacerlo aquí y te anticipo mi agradecimiento